El Repor en el Diario Sur

24 de mayo de 2010
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Reportaje publicado en el Diario Sur por Nieves Castro: "La solidaridad viaja en bici".

"Descerebrados". El adjetivo lo escucharon en demasiadas ocasiones antes de iniciar su marcha. Ahora su aventura bien podía convertirse en guión cinematográfico, pero además de esos de gran presupuesto. A la espera de ofertas –quién sabe– se han conformado con trasladar su experiencia a un documental: ‘Nómadas sobre ruedas: 100 días en Mongolia’. El título de la cinta lo dice todo. Durante cuatro meses Luis Cintora y Jordi Blanco viajaron en bicicleta para retratar con sus dos pequeñas videocámaras la realidad de un pueblo remoto. El resultado, más de 3.000 kilómetros salvados a base de pedaladas, 53 horas de grabación que tras mucho pulir han mudado a 53 minutos de reportaje y una vivencia única que arranca en junio de 2008.

«Pedaleando por un país tan inhóspito y durante tanto tiempo pasas por todos los estados de ánimo posibles», recuerda Cintora, quien dejó en ‘stand-by’ su profesión de traductor en un despacho de Marbella para cabalgar a lomos de las dos ruedas.

«Experimentas desde la sensación de mayor libertad en un paisaje totalmente abierto a la de mayor soledad ya que durante días no encuentras a nadie en el camino». Mongolia ocupa una superficie tres veces superior a la extensión de España y sin embargo, cuenta con una población inferior a tres millones de habitantes. Precisamente esa soledad era uno de los temores que abrigaban. «El miedo que teníamos era que estando solos pudiéramos tener un accidente gordo y basta que le pasara a uno de nosotros para quedar vendido. ¿Adónde te diriges y sobre todo en bici?», se pregunta Jordi Blanco.

Desánimo. Afortunadamente tampoco se rompió ninguna bicicleta, ni se las robaron. «Sí que hubo muchas caídas, en eso yo gano a Luis», bromea este terapeuta infantil. Recuerdan que al miedo se sumó, en ocasiones, el desánimo sobre todo cuando recorrían el interior del país. «Llega un punto en el que el paisaje se vuelve idéntico al del día anterior y al del otro. Parece que estés dando vueltas en círculo», describe Cintora.

El documental, que ha contado con una subvención del Ayuntamiento de Marbella y la Diputación Provincial, refleja cómo estos dos treintañeros pasaron por sitios donde las carreteras son caricaturas de sí mismas. Al este de Ulan Bator, la capital del país, hay trescientos kilómetros de vía, pero cuando llegaron unas grandes inundaciones habían dejado una mitad destrozada y la otra enfangada. En ocasiones no quedaba otra: empujar la bici durante horas hasta llegar a un camino.

Quiero agua, quiero pan. Tampoco el cómo orientarse entre los guijarros de la estepa mongola fue fácil. Iniciaron el viaje con cinco mapas y regresaron a casa sólo con uno. «A base de estar en el camino te das cuenta de cuál es el que te salva la vida», explica con espontaneidad Cintora.

Pretendían también que un pequeño glosario con palabras en Mongol sirviera para algo parecido. Aseguran que inicialmente la conversación fue imposible, pero poco a poco fueron haciéndose con lo básico: quiero agua, quiero pan, dónde está tal sitio o cuántos kilómetros faltan. Esas cuatro frases se convirtieron en imprescindibles para estos dos marbellíes. De las respuestas que obtuvieran dependía su avituallamiento y eso que iban cargados hasta las trancas, en ocasiones hasta con 60 kilos encima. En sus alforjas dejaron sobre todo espacio para agua y comida, ya que a veces, el punto más cercano para abastecerse se encontraba a semanas de viaje. Junto a ello, el material de grabación, un pequeño botiquín, hornillo, ollas, herramientas o la tienda de campaña «que sorprendió por su pequeño tamaño a los nómadas acostumbrados a sus espaciosos ‘gers’», apunta Blanco.

El documental retrata con especial cariño la convivencia con los nómadas kazajos en la provincia de Bayan Olgiy, al oeste del país, pero no enmascara otras realidades. Entre ellas, el contraste que supuso para estos dos jóvenes la hospitalidad de esta etnia y la hostilidad con la que fueron recibidos en pueblos y ciudades. «Llegaron a tirarnos piedras por el hecho de ser extranjeros. El espíritu de Gengis Khan sigue muy vivo», resuelve con ironía Cintora, que pierde toda mordacidad cuando se le pregunta para qué tanto esfuerzo.

Aspiran a difundir su vivencia y recaudar fondos que irán destinados a las casas hogar de Ulan Bator, que tal y como cuentan en el documental luchan sin financiación gubernamental para sacar adelante a los niñosmongoles, inmersos en una trágica realidad. Con ese propósito Cintora y Blanco concretan estos días salas de proyección en Madrid o Barcelona, además de limar fechas para nuevas proyecciones en Málaga, donde se estrenó el documental el pasado día 1 de mayo. Así que todavía les queda camino por recorrer. La vía, occidente; el destino, las conciencias. Y ahora, ¿quién es el descerebrado?

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