Niños de la calle: ULAN BATOR

22 de octubre de 2008
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De vuelta en Ulan Bator en la fase final de nuestro viaje. El retorno a la gran urbe se caracteriza por una mezcla de sentimientos, por llegar y por huir.

Teníamos trabajo que hacer, entrevistas que realizar, objetivos que cumplir. Y esta vez la meterología no es nuestra aliada. ¿Acaso lo ha sido alguna vez? El segundo día nos pusimos manos a la obra. Nuestro propósito: la filmación de los centros en jornada educativa. Los niños nos reciben con una gran sonrisa. Dos son los centros que nos llaman más la atención por su trabajo y dedicación: “Verbist Care Centre” y “Lotus Childrens' Centre”. En ellos, mi primera sensación es la de comunidad y pertenencia. Dos palabras que son tan anheladas en la realidad infantil.

Los niños de la calle. ¿Existen? ¿O es simplemente una mera ilusión de nuestras mentes? Tras varias entrevistas con diferentes ONGs que trabajan con la infancia desfavorecida nos confirman que el problema es menor de lo esperado. Y curiosamente, dependiendo de la fuente, te dan una cifra u otra. Sorpresa para nosotros. Cuando iniciamos este proyecto, la cifras iniciales según la internacionalmente conocida organización Unicef, eran francamente alarmantes. También, hayrumores del secuestro de niños hacia paises vecinos como China. Estos rumores ni se confirman, ni se desmienten.

Lo que si es cierto es que existen niños viviendo en la calle. El número no importa.

Después de una segunda toma de contacto con las calles de Ulan Bator, nos dirigimos a los lugares que previamente nos habían indicado dichas organizaciones. La temperatura, una vez más, no nos acompaña. Mi reloj indica -6 grados. Una temperatura agradable comparada con los -35 grados que se suelen alcanzar en pleno invierno. Al llegar al sitio indicado, un lugar frecuentado por turistas occidentales, una manada de pequeños rápidamente viene a nuestro encuentro. Nuestro primer entrevistado nos pregunta si el documental tendrá difusión en Mongolia. Y que no le gustaría participar si es así.

Batbold, 16 años de edad, con la piel curtida y con un abrigo tres veces más grande de su talla, es el primer niño que entrevistamos. Una vida llena de altibajos y abusos físicos por parte de su padrastro. Son siete años los que lleva viviendo en las calles debido a esta situación. Afirma que tiene cuatro sitios para poder dormir repartidos entre las entradas de las tiendas, diferentes lugares comerciales y el sistema de alcantarillado. Lo que más le gusta es la libertad. Una libertad acariciada por los abusos constantes que tiene que soportar por la sociedad mongola. Su miedo: los abusos fisicos por parte de la policia. Su sueño: volver a ver a su padre biológico en Zamyun - Uud. No tienen ningún contacto.

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