Bayan Ölgyi: una cultura diferente.

01 de octubre de 2008
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Relato de la convivencia con las fámilias nómadas de Bayan Olgyi

Tras convivir plenamente varias semanas con las comunidades kazajas nuestra percepción sobre Mongolia ha cambiado radicalmente. Una vez más nos adentramos en la parte más kazaja de Mongolia: Bayan Olgyi. Una región donde la primera lengua es el kazajo y la gente se considera kazaja y no mongola. Algo interesante ya que aún nos encontramos en Mongolia. La región de Bayan Olgyi se caracteriza por sus grandes lagos, montañas y sus únicos protagonistas son la gente y sus animales.

Son amplias las diferencias culturales entre Bayan Olgyi y el mundo occidental. En primer lugar, al estar conviviendo en una ger la primera sensación que tenemos es la falta de privacidad arropada con un fuerte sentimiento de comunidad. No existe el simple hecho de tocar a la puerta. Todo el mundo come en familia y siempre se espera al patriarca. Existe una finalidad común: la autosuficiencia. No reciben ninguna ayuda del gobierno mongol. Dependen fundamentalmente de su ganado: ovejas, cabras, yaks y caballos. Es raro ver dinero. Y el trueque está a la orden del día.

Como en toda cultura musulmana, el papel de la mujer se encuentra relegado a tareas domésticas. Lo cual es difícil de asimilar y aceptar desde un punto de vista occidental. El hombre se dedica a las tareas del pastoreo y cuidado del ganado. Nuestra visión de los kazajos es que son realmente curiosos y prácticos a la vez. Existe un especial cuidado hacia el invitado. Nos alimentan y cuidan como a un miembro más de la familia, sin esperar nada a cambio. Una lección para el mundo occidental donde casi todo está basado en el beneficio propio y condicionado por unas supuestas necesidades culturales y sociales.

Los kazajos, al contrario de otras culturas, son muy higiénicos y las gers están limpias. Es un placer vivir en una de ellas. La comida, a diferencia de la mongola, es más variada y elaborada. Hemos el placer de degustar un plato típico llamado beshparmak. Un plato que se come con las manos.

Me doy cuenta de que, viviendo en plena naturaleza, sin bienes materiales, sin dinero, sin conexión con el mundo exterior, el contacto con estas comunidades es mucho más pleno y puro. Se trata de un encuentro de dos culturas, dos mundos, dos personas, donde el aprendizaje mutuo es diario. El concepto del tiempo en Bayan Olgyi es totalmente relativo. Curiosamente, el famoso concepto de no tener tiempo: no existe.

Nuestros conocimientos de mongol son realmente básicos. Y los kazajos no entienden mongol. Aun y todo nos ingeniamos para poder comunicarnos a través del leguaje universal: la mirada. Son pocas las gentes que utilizan gafas de sol. La mirada es motivada por la curiosidad y la novedad.

Lamentablemente, en algunas de estas comunidades kazajas la educación reglada no existe. Y algunos niños se encuentran limitados, de alguna forma, a las tareas del campo y domésticas. Les espera la vida del nómada.

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