Karakorum, encuentros con nómadas y con uno mismo en la estepa

21 de julio de 2008
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El viaje avanza inexorablemente y poco a poco vamos uniendo puntos en el mapa.

En Tsetserleg ya...Cuesta creer que hayamos dejado atrás Moscú y su Plaza Roja, la inmensidad de la estepa rusa a bordo del Transiberiano, la gris Ulan Bator, su revolución y sus centros. Y ahora nos toca seguir recorriendo las entrañas de Asia central...

Hace un par de días dejamos también atrás la legendaria Karakorum, el último rastro del imperio de Gengis Khan. Su visita esta prácticamente reservada a aquellos con gran capacidad de imaginación que logren recrear mentalmente la mítica ciudad que un día fue el corazón del imperio mongol. Del gran número de templos que se construyeron a lo largo de los siglos tan solo tres han quedado en pie, sobreviviendo el paso del tiempo y el fervor destructivo soviético. Hemos tenido ocasión de presenciar y filmar una ceremonia budista en un ambiente cargado de incienso y bajo el monótono rezo de los monjes, tan solo interrumpido por el súbito sonido de los gongs.

Los días de pedaleo están siendo duros. No sólo por la climatología (pasamos del calor extremo al granizo en un abrir y cerrar de ojos) y el terreno (el asfalto no fue sino un espejismo durante escasos kilómetros) sino también en momentos por la escasez de agua y comida. Afortunadamente, contamos con la hospitalidad de los nómadas que acostumbran a darnos una calurosa acogida y poco a poco vamos conociendo más a fondo su forma de vida y costumbres. Siguiendo el ritual, entramos por el lado izquierdo de la tienda y en cuanto te descuidas te encuentras con un gran tazón de airak o de té salado en tus manos. Con suerte sin moscas. La tienda no tiene dependencias, pero está dividida en varias zonas: la pura, donde suelen sentarse los hombres, y la impura, reservada a las mujeres y a la cocina. Al salir de la tienda, se debe hacer por el lado izquierdo. Las tareas están también claramente definidas: los hombres y los niños se dedican a pastorear con los rebaños y las mujeres y niñas se ocupan de las tareas domésticas, de elaborar leche, airak (licor amargo a base de leche fermentada de yegua que nos ofrecen sistemáticamente y que dudo jamás alcance el punto de apreciar) y queso, que luego dejan secar sobre la lona de la tienda hasta que se endurece como una roca.

Ignoramos quien produce mayor curiosidad sobre quien: estos nómadas con sus costumbres ancestrales y apegadas a la naturaleza sobre nosotros o nosotros con nuestras bicicletas y videocámaras sobre ellos...No cabe duda de que estos encuentros se seguirán produciendo con frecuencia de aquí en adelante.

Al mismo tiempo que viajamos al interior de la estepa sentimos que viajamos al interior de nosotros mismos. Hay momentos en los que el paisaje parece diluirse y convertirse en un espejo, donde ves desfilar imágenes de momentos vividos, encuentros pasados, caras conocidas. Mientras recorro kilómetros revivo situaciones anteriores que me llevan a hacer un balance, a revisar errores cometidos que me juro no volver a cometer (pero que probablemente vuelva a cometer) y ¿por qué no? también a saborear algún logro alcanzado...

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