Estado de emergencia

02 de julio de 2008
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Y pensábamos que Mongolia era un país tranquilo donde nunca ocurría nada...

Lo que empezó siendo una manifestación pacifica en la Plaza Sukhbaatar en protesta por un supuesto fraude en las elecciones (pese a que los resultados no se han hecho oficiales corren rumores de que muchos votos han sido comprados por el partido en el poder) se tornaría por la noche una autentica batalla campal que se saldaría con un balance de cinco muertos, mas de sesenta heridos y unos trescientos detenidos.

Pasada la media noche decidimos no quedarnos impasibles en el hostal, dejar de ser unos meros espectadores de la televisión para acercarnos a la plaza y ser testigos directos de los acontecimientos que están sacudiendo la capital. A nuestra llegada nos encontramos con una escena dantesca: ardían bidones en barricadas improvisadas, la gente corría desordenadamente de un lado a otro en medio del humo y había heridos allí y allá. Mas adelante, ante la sede central del PRPM, se agolpaba una muchedumbre enfurecida, que contemplaba como el edificio era pasto de las llamas y le plantaba cara a los antidisturbios. En un momento dado, un chico que de alguna forma había conseguido hacerse con un escudo de un antidisturbios nos amenazo con lanzárnoslo encima tras ver que le sacaba una foto. Tras empezar a oír los disparos de la policía y ante la amenaza de varios individuos a quienes no les parecía gustar nuestra presencia allí, decidimos que ya era hora de dejar de grabar y de marcharse de allí...

Después de los incidentes de anoche, Ulan Bator ha amanecido bajo un aire de normalidad. Aunque tan solo en apariencia. Conforme ha avanzado el día, el ejército se ha ido movilizando por la ciudad, hasta ocupar todo su centro. Los alrededores de la Plaza Sukhbaatar se encuentran cerrados al tráfico y la presencia de tanquetas en muchas intersecciones revela el estado de emergencia que se ha declarado. Escuadrones de antidisturbios patrullaban los alrededores de la plaza, interrogando y registrando a los pocos transeúntes que pasan por allí y se podían distinguir soldados apostados el tejado de la Casa de Gobierno. Ya caída la noche, el centro se encontraba desierto salvo por la presencia de militares, policía y antidisturbios que se han asegurado que la manifestación convocada para esta noche no tuviera lugar. El estado de emergencia viene secundado por un toque de queda y por la prohibición de vender alcohol en bares y restaurantes durante cuatro días, disuadiendo así a aquellos a quienes el alcohol envalentonaba anoche. Al salir del único restaurante que he encontrado abierto (y donde un militar ha entrado para asegurarse que se cumplía la ley seca) he retomado consciencia de mi escenario y de lo que sucedía en el: era ya cerca de media noche, el paso a la zona donde me encontraba estaba cortado y por allí tan solo patrullaban soldados. Apenas ha pasado un minuto hasta que una patrulla de antidisturbios se ha detenido a mi paso y uno de ellos ha comenzado a gritarme que me marchara inmediatamente de allí. Franqueando controles en cada esquina finalmente he logrado escapar de la locura que se ha instalado en la ciudad.

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