Jordi Blanco

foto JordiJordi Blanco en Nicaragua. Mi nombre es Jordi Blanco y mi vida ha transcurrido entre España y Estados Unidos. Málaga y California han sido mis lugares de desarrollo personal y profesional. Hace 4 años comencé un viaje en bicicleta desde Santa Cruz, California hasta Ushuaia, Argentina (www.jordiblanco.com). Tras viajar casi un año y medio en bicicleta por Latinoamérica regresé a Estados Unidos. Es entonces cuando me di cuenta que esta iba a ser la etapa mas dura del viaje: la adaptación a lo que algunos llaman la vida normal. Pasaron tres años de mi vida en los cuales estuve trabajando como terapeuta infantil y disfrutando de muchas de las comodidades de la vida occidental. Pero de alguna forma, me faltaba algo. Adoro mi trabajo como terapeuta infantil y al mismo tiempo no era feliz. Como algo innato y natural mi mente se encontraba en la preparación de otro viaje...

Pienso que para realmente ser feliz debes hacer lo que sientas que quieres. Es esencial descubrir tus necesidades, tus deseos y tus objetivos y entonces encontrar una forma adecuada de conseguirlos. Resulta difícil olvidar lo que realmente quieres con el ajetreo que puede llevar lo que llaman algunos "vivir".

Me gusta estar en forma y a lo largo de mi vida he practicado diferentes deportes. Actualmente, nado, monto en bicicleta y corro. Y como no, hago triatlones. Estos momentos son importantes, conociéndote y aprendiendo de todo tu proceso. Aprendiendo a estar más contento con lo que tienes.

Pienso que a veces nuestra vida se encuentra controlada y condicionada por grandes corporaciones privadas y una serie de valores culturales y creencias que nos hacen creer que tenemos unas "supuestas necesidades". Siento que en esta vida nos encontramos sumergidos en una gran nebulosa creyendo en lo que vemos en la televisión: prensa del corazón, bienes materiales y falsa felicidad. Mi frase favorita: siempre adelante.

Olvidamos muchas preguntas esenciales: ¿Cuáles son mis sueños? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Estamos preparados para pagar el precio por lo que queremos? La idea de realizar un documental en Mongolia sobre niños desfavorecidos socialmente no es una sorpresa sino una necesidad. Esta idea nos ha elegido. Es por esto que este documental es una manifestación social sobre las personas que no tienen voz.

 

Luis Cintora

foto LuisNunca me gustó hablar de mí mismo. Así que optaré por comentar qué ha sido de mi vida durante los últimos años, lo cual supongo resume en gran medida quien soy hoy día. Trabajé durante bastantes años en un despacho de abogados de Marbella, inmerso en un ritmo de trabajo frenético y cada vez más enfocado en la producción de dinero en cadena. A ojos de muchos había alcanzado el éxito en mi vida. Yo en cambio, cada día que pasaba sentía creciente la sofocante convicción de que la vida se me escapaba detrás de las paredes de aquella oficina, que aquel mundo no era más que una superficie totalmente ajena a la profundidad de lo real.

En lo que muchos consideraron fue un arrebato de locura, lo dejé todo y me embarqué en un largo viaje por el Este de Europa que, por una carambola de la vida, finalmente me llevaría de regreso a Edimburgo, donde años antes realicé mis estudios. Allí comencé a trabajar con personas discapacitadas y enfermos de esclerosis múltiple. Fue sin duda una de las experiencias más duras de mi vida hasta ahora, pero que me abriría los ojos a una realidad social y humana que me ha impulsado en estos últimos años a conocer la vasta geografía y realidad de Sudamérica, a trabajar en el corazón de los Andes peruanos con niños con distintos síndromes y traumas heredados de los años de violencia del Sendero Luminoso (www.cuadernodeayacucho.blogspot.com), con residentes esquizofrénicos en un hospital psiquiátrico, a atravesar la inmensidad del Sahara hasta Mauritania para repartir ropa y medicamentos y trabajar como educador con chicos marroquíes en un centro de acogida.

No pretendo ser moralista, pero la vida es demasiado corta y preciada como para pasarla anestesiado ante el televisor o para hipotecar nuestro presente a favor de un futuro que a saber qué nos deparará. Que valores como la solidaridad y la empatía están más que degradados en nuestra sociedad actual no es nada nuevo bajo el sol. Pero lo fácil es aceptarlo, quedarse en casa y no mover un dedo. Hace tiempo que decidí no ser un mero espectador de la vida y enfrentarme a otra cara del planeta, una cara que muchas veces no sonríe precisamente a sus habitantes.